Quedarme tumbada, sobre las miles de partículas que antaño fueron preciosas conchas y dejar que el sol acaricie mi piel mientras oigo el ruido de las olas tropezando con la orilla.
Pasear, sentir que me voy hundiendo en la arena en cada paso que doy y acercarme al mar, mientras la suave brisa marina juega con mi pelo.
Mojar mis pies en las limpias y cristalinas aguas color turquesa e ir adentrandome en el mar, disfrutar de la sensación de ingravidez que produce al agua salada mientras que el olor del salitre inunda mi ser de calma.
Salir del agua, y sentir de nuevo el agradable picor del sol que va evaporando las gotas de agua que se deslizan por mi piel y me hacen cosquillas, gotas que subirán hacia el cielo sin poder ni querer evitarlo.

1 comentario:
Por eso luego echamos tanto de menos las vacaciones. No sólo por estar lejos y no trabajar, sino por las mil placenteras sensaciones que acompañan con suerte nuestra estancia en cualquier otro lugar :)
Publicar un comentario