Los atardecres, con colores que van desde el naranja al rojo, cada vez más intensos, simbolizan la pasión. El sol se toma su tiempo para desaparecer en el horizonte despidiendo el día y acarician la llegada de la noche, salundando a su reina, la Luna.
Los amaneceres en cambio se tiñen de amarillos intensos, naranjas, azules... Comienzan siendo intensos, mientras que poco a poco se van calmando dejando espacio al azul del cielo. Son símbolo de la tranquilidad.
Los dos tienen algo en común, no hay dos atardeceres ni dos amaneceres iguales. Eso es lo que convierte a estos momentos en mágicos.
Yo personalmente me quedo con los atardeceres. Me siento más identificada con lo que representan.
Ver un atardecer en la playa, es precioso, y si además es en una playa de Italia...
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